jueves, 14 de mayo de 2009

El paraguas de Wittgenstein


1. Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer debajo de un paraguas. Tú le dices: ¿Me permite? y ella, indecisa y sorprendida, sopesando los pros y los contras te contesta que no, que el paraguas es suyo y que te vayas. Suponte que obedeces y te alejas brincando los charcos y que al cabo de una calle, dos calles, tres calles encuentras un techito para guarecerte y que ahí, precisamente ahí, se oculta el asesino que estaba escrito habría de matarte y que te sale al paso con aquello de la bolsa o la vida, y tú respondes que la vida, porque estás empapado y sientes frío y ganas de morirte o de pedir una taza de café muy caliente, pero como en ese zaguán no hay servicio de cafetería, pues te atraviesa con tremendo cuchillo y desde el suelo miras a tu asesino perderse con tu reloj y tu cartera detrás de la cortina de lluvia de la que sale la muchacha que no te quiso asilar bajo su paraguas, y cuando ella pasa: tú mueres.

1.1 Suponte que el cielo existe y que se te ocurrió morir a las seis de la tarde o, mejor, que tu asesino te haya matado a esa hora o, si lo prefieres, que el tiempo que todo lo coordina haya sincronizado con gran precisión los relojes para que murieras en tu país a las seis de la tarde sin que tú ni tu asesino anduvieran preocupados por la puntualidad. Si el cielo existe, a las seis y cuarto llegarías a sus puertas remolcado por la columna de humo de alguna chimenea próxima al sitio donde habría quedado tu cuerpo. Las puertas están abiertas de par en par, entras, caminas, buscas por uno y otro lado, pero no hay nada, no encuentras a nadie: El cielo es un hangar infinito, piensas y te pasa por la conciencia la imagen de la mujer que en mitad de la lluvia te negó la sombra seca de su paraguas.

1.1.1 Suponte que además de cielo, haya Dios: tu ascenso y llegada son los mismos, sólo que ahora encuentras un mostrador y, detrás del mostrador, un mayordomo de levita verde que te hace señas con su linterna de bencina para que te acerques. Das unos pasos y en el acto descubres en el verde chillón de la levita que el cielo no es lugar para ti, que a ti te corresponden otros pasatiempos: descifrar de por muerte las razones por las que esa mujer se negó a compartir contigo su paraguas, y otros asuntos por el estilo.

1.1.1.1 Suponte que haya Dios y que te está esperando, que cruzas la eternidad y el infinito que no son otra cosa que una fila interminable de salitas de espera, salas y antesalas de espera, y que al final, o lo que tú consideras el final, encuentras unos muebles como de cafetería, con sillones confortables de plástico azul, imitación cuero, y que tomas asiento convencido de que si Dios te aguarda: tú debes reunirte ahí con Él. Palpas el forro azul del sillón y tus antiguos hábitos te hacen desear una leche malteada; pero Dios, aunque te esté esperando, no llega y en su lugar, asociado por la malteada y el deseo, lo que viene a ti es el recuerdo de la mujer que en la lluvia te dijo: No.

1.1.1.2 Suponte que Dios llegue: el recorrido previo podría ser idéntico a excepción, claro está, del color de la levita del mayordomo, porque si Dios llega la levita tendrá que ser color obispo. Tú estás sentado en el sillón azul de plástico deseando una malteada y en ese momento llega Dios disfrazado de camarero y sobre una charola trae precisamente esa malteada que tú deseas; viene con corbata de moño y un higiénico bonete en la cabeza. Tú te levantas respetuoso y lo invitas a sentarse, Dios accede y le convidas un sorbo de tu leche, pero Él declina y te explica que acaba de comer, que te lo agradece pero que no tiene apetito. Tú retrocedes apenado: comprendes que fue impropia la manera confianzuda con la que le ofreciste el sorbo y, temeroso de haber cometido una imprudencia, preguntas si se puede fumar. Te responde que sí y hasta te acepta un cigarro. Tu mano tiembla por estar encendiendo fósforos humanos en la cara de Dios. Sin embargo, Dios aspira y comenta: Son buenos sus cigarros, ¿tabaco rubio? No, contestas sin darte cuenta de que corriges nada menos que a Dios, son de tabaco oscuro. Está menos procesado, ¿verdad?, dice Él, y tú contestas que sí, que se trata de cigarros baratos. Pues están magníficos, asegura Él. Tú aspiras el humo y piensas que no son tan buenos, pero no te atreves a decirlo. Dios mira a su derredor y hace un comentario a propósito del plástico azul de los asientos, algo acerca de que parece cuero. Tú le das la razón, Dios termina su cigarro y dice: Bueno, pues Yo, usted sabe, tengo que irme, ha sido un placer. Tú no atinas a decir nada y, cuando Dios se aleja por entre los sillones que parecen forrados de cuero azul, recuerdas el modo como tu asesino se alejó por la calle mientras llovía y la cara de la mujer que no quiso aceptarte bajo su paraguas.

1.2 Suponte también que no haya nada, que tú te mueres a las seis de la tarde porque la lluvia te obliga a buscar dónde protegerte y el techo hospitalario que te pareció inofensivo ocultaba al criminal que habría de matarte a resultas de que hubo una mujer que no quiso compartir su paraguas contigo. La chimenea soltaría al aire su bocanada sucia, la lluvia atravesaría el humo y lo bajaría al piso vuelto hollín, polvo finísimo mojado que el agua arrastraría junto con tu último suspiro hacia la alcantarilla. Al día siguiente tu cuerpo lavado por la lluvia sería encontrado: Un muerto, gritarían; pero tú no oirías nada, ni siquiera el sonido de la lluvia, ni los pasos de tu asesino, ni el no de la mujer que te excluyó de su paraguas; no oirías ni verías ni sabrías nada: nada de leches malteadas, ni de pláticas con Dios, ni mayordomos de levita, ni sillones que parecen de cuero. No habría nada.

2. Ahora suponte que abajo del paraguas ella te contesta: Sí, claro, acompáñame. Y tú, indeciso y sorprendido por haber repasado algunas consecuencias de su negativa anterior, comienzas a contarle que el "no" que te dijo en otro cuento te lanzó a las manos de un asesino y a unas pláticas con Dios y a una serie de hipótesis que ella festeja riendo, justo cuando pasan frente a la puerta donde está el asesino que espera que tú llegues chorreando para matarte; pasan de largo y, como la tarde está de perros y apenas son las seis, ella propone entrar en la cafetería que queda en la calle siguiente, la cual, por supuesto, tiene los sillones azules.
Entran, se sacuden la lluvia que les perla la ropa, y ella pide una leche malteada y tú, un café.

15 comentarios:

Roci dijo...

un beso linda :) La quiero. Seguro que nos hablamos hoy a la noche, espero que nos coincidan los horarios y se pueda hablar un buen raato :) Cuidate

Gominolas rojas dijo...

El principio 90/10.
http://www.prematuros.cl/webabril07/principio90.pdf

Un regaliz ;)

Pd: Hoy te toca quererlo más, es jueves.

eMiLiA dijo...

Me gustó mucho. Mucho.

¿Se puede preguntar de quién es tan bello texto?

Contiene un tema que siempre me ha interesado, esos podría haber sido una cosa y no otra... uff.
Y me ha encantado el giro del final ¿por qué no pide la malteada que tanto deseaba? ¿Se deberá renunciar a ciertos gustos para acceder a otros?

Hoy estoy preguntona. ¿Se nota?

Jajaj.

Un besoo♥

BUENAS NOTICIAS dijo...

Uy, me ha encantado. Cómo te puede cambiar la vida en un segundo, es curioso. Y lo más heavy es que es real, que puede pasar (lo del asesino, quizás, es llevarlo a un extremo pero es cierto que según la esquina que decides torcer, tu vida puede cambiar para siempre...).
Interesante reflexión. Me ha gustado mucho, Siberiana, gracias!!!!
Muak!!!!!

indefinible esencia dijo...

impresionante.
de verdad, me ha encantado, podría estar toda una tarde sacando cosas de este escrito, el destino, las repercusiones de nuestros actos, que el aleteo de una mariposa pueda causar un huracan, el principio de lo que sera, buff... demasiadas cosas, espera que lo asimile!!!!
buenisimo.

un besito

Espérame en Siberia dijo...

Estoy tan enamorada de esa foto. Porque sale él. Mi Valiente.
Tan enamorada, tan.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Después de esta confesión... he vuelto a mirar la foto. Pinta bien tu Valiente. Sí....

Pollo dijo...

=)

y es que, a pesar de haberme equivocado de página y haber leído un cuento que no era, ya había leído este cuento... y leerlo de nuevo ahora, aquí me recordó un montón de cosas... incluído el día que me prestaste los discos y el libro, con la notita y todo... :$

Caray, han pasado tantos minutos desde ese día...

Druida de noche dijo...

Te has pasado!!! Excelente. Me encantó, muy bueno, muy bueno. Tanto me gustó que no tengo palabras...

besos desde el bosque hasta siberia

(veo que Valiente te acompaña como leopardo tenso en el atardecer)...

¿Enamorada? No te preocupes, ya va a pasar...

Espérame en Siberia dijo...

Jajajajajaja, señor Druida:
Que no, que no estoy enamorada. Es muy fácil: sólo me vuelve loca ese hombre. Pero él no sabe nada de mí. No me acompaña, no me conoce.
Eso me deprime a veces, además me lleva unos 11 o 12 años. Jamás se fijaría en mí.
¡Pero qué más daría yo!

=)

Espérame en Siberia dijo...

Señor Cronopio:

Deje usted los minutos, ¡ya va para el año de habérselo prestado! No es reclamo, es más: si quiere ya quédeselo. No me lo regrese. Ya es más suyo que mío. Tiene más tiempo con usted que conmigo.

Me deja muy sorprendida, no sabía que tenía cuenta de blog. Bueno, sé que tiene un blog, pero que no le hace caso. Me refiero a esta cuenta en blogspot. Me dio mucha alegría que me escribiera. No sabe cuánta.
Por dos motivos: primero porque desde el momento en que publiqué esta entrada pensé en usted. Y porque me da cierta ilusión pensar que, entonces, ya no le hace el feo a Espérame en Siberia y pasa a visitarme de vez en cuando.
Lo malo es que le tengo que escribir en mi blog, porque usted no tiene ninguna entrada en el suyo. Bueeeeno, que malo malo no es.

Le cuento que me gusta mucho su fotolog últimamente y que no he parado de escuchar a Drexler, como ya se lo había pronosticado. También le confieso que a estas horas yo sigo en pijama y no pienso hacer nada hoy viernes. Me da mucha pereza espiritual.
Tengo ganas de todo, menos de salir hoy.
Sobre todo, quiero que ya se termine esta semana. No es que haya pasado algo malo, pero pudo haber sido mejor. Me entiende, ¿no?

Que este puente le sirva para relajarse mucho y logre terminar todos los trabajos que le dejaron.

Un abrazo =)

eMiLiA dijo...

Ay pero qué intriga me ha despertado la historia de tu Valiente!!!

Uff, de veras que tendríamos que hacer un simposio de historias fallidas, jajaj

Un besoo♥

y gracias por el dato del autor!

indefinible esencia dijo...

valiente si que te conoce!!! te conoce en sus sueños!!!!

Espérame en Siberia dijo...

Cuánta intriga con el tema de Valiente. Yo sé que suena interesante. Pero no hay mucho que contar. Es un cantante medianamente conocido, canta "Sunshower" como sólo él sabe. Su verdadero nombre es tan común que por eso lo bauticé con otro. Lo vengo idealizando desde hace muchos meses, pero es un personaje que yo me creé porque lo necesitaba.
Y como dije hace unos días: "Valiente tendrá que esperar", porque no puede ser sano para la psique soñar que te enamoras de alguien que nunca vas a conocer. No es sano porque no pretendo estar enamorada de alguien así y porque, según mi edad me lo dicta, ya no se me está permitido (tener amores tan platónicos, no el hecho de enamorarme.)

Si no fuera porque quiero tanto a mi blog no daría esta penosísima explicación sobre mi inexistente relación con Valiente.
Pero blogsito: te quiero mucho mucho mucho, y te doy las explicaciones que me pidas.

:)

indefinible esencia dijo...

todos hacemos estas cosas!!

Yo amo a alguien que esta a kilometros de distancia de mi, en tu continente, y que quizas no vuelva a ver nunca más, quizas él ya ni se acuerda de mi, o sí pero no de la forma que devería acordarse.
Pero sabes? eso de algúna forma me hace vivir de una forma más despierta, incluso me hace ilusionarme.
Y que la vida decida.

valiente no tiene que ser alguien concreto, solo el que vendra, o el que ha venido pero aun no te has dado cuenta.
hay que enamorarse, que es sano, o eso creo.